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MURIÓ DON ALVARO PRADO GARZÓN

El hombre de negocios, excelente conversador y buen amigo.

Con profundo dolor tenemos que registrar el fallecimiento de Don Álvaro Prado Garzón, oriundo del municipio de Ambalema departamento del Tolima. Don Álvaro murió a los 64 años de edad, cuando estaba en la recuperación de un trasplante de médula ósea que le practicaron en la Clínica Marly en Bogotá. Según información de su familia, su situación se complicó cuando estando en la UCI de la clínica, se contagió de Covid 19 de acuerdo al reporte médico, lo que finalmente acabo con su vida.

Si hay alguien que hablaba con orgullo de sus raíces y la historia de Ambalema, ese era Don Álvaro Prado Garzón, tolimense nacido en ese municipio que en el siglo XIX se constituyó como un importante centro tabacalero del país. Nacido el 9 de junio de 1956 en el que fue uno de los principales puertos del país, Álvaro el menor de 6 hermanos que en total tuvo el matrimonio de Leovigildo Prado y Concepción Garzón, vivió parte de su infancia y adolescencia en Mariquita, estudiando en el colegio Francisco Núñez Pedroza y jugando baloncesto, uno de sus deportes favoritos. Curioso desde muy joven, salió muy temprano de su casa a explorar el mundo antes de haber cumplido la mayoría de edad. Su elocuencia lo llevó a encaminarse por el mundo de los negocios por lo que 47 de sus 64 años de vida los dedicó al campo comercial. Fue precisamente el mundo de las ventas, el que lo condujo a viajar por gran parte del territorio nacional durante muchos años, desde la Guajira hasta Leticia, desde Pasto hasta Puerto Inírida conociendo muchas personas con las cuales de alguna manera mantuvo contacto siempre, para él no habían amigos de épocas, sino amigos para siempre.

Era un alma nómada, no tenía reparo en cambiar de ciudad en busca de ofrecer la mejor calidad de vida a su familia, compuesta por 3 hijos y su esposa, a la que conoció a sus 22 años en Bogotá y con quien formó un hogar estable y fortalecido a lo largo de 42 años. A Ibagué llegó en el año 1995 para establecer su empresa Comercial Norte, dedicada a la comercialización de ayudas educativas, equipos de laboratorio y juegos didácticos, línea en la que decidió especializarse. Por ello sus días transcurrían entre el bullicio del Parque  de Bolívar y la Plaza Murillo Toro a donde era normal verlo tomando café con amigos, hablando de negocios, las noticias del día, y sus anécdotas después de muchos años de viajes, como cuando encontró por azar a una tía desaparecida hacía más de 20 años, en el Hospital Psiquiátrico de Sibaté, cuando acompañaba a un amigo en una visita, pues era proveedor de dicha entidad. Aunque la vió siendo un niño, contaba con una memoria prodigiosa que le permitió identificar a la señora de pelo blanco en aquel lugar. Lo que vino después, el reencuentro con sus hijos, siempre fue un relato que él con su capacidad nata de contar historias, mencionaba en sus numerosas tertulias con amigos.

Siempre le enseñó a sus hijos, que el mayor tesoro de una persona, era su calidad humana y la capacidad de ayudar a los demás sin intereses de por medio, el valor de la familia y la importancia de vivir un día a la vez. Quienes lo conocían sabía que si no sabía algo lo averiguaba con tal de ayudar a quien se lo pedía. Conversador, dicharachero, un ser humano desprendido de las cosas materiales a las que nunca les dio mayor importancia, Don Álvaro era un amante de los vallenatos, la literatura de Gabriel García Márquez, un buen café y su adorado Ambalema, del que nunca dejó de sentirse orgulloso y en el que siempre quiso pasar sus últimos años.

Hace 8 meses un diagnóstico médico cambió muchas de sus rutinas diarias, sin embargo no dejó de ir al centro de la ciudad, a encontrarse con amigos, hablar de negocios y crear nuevos proyectos, pues nunca perdió su capacidad de desarrollar nuevas ideas, decía que el cerebro debía estar siempre ocupado, que era lo que nos mantenía jóvenes y activos. Con la cuarentena que empezó en Colombia el pasado 24 de marzo y su tratamiento médico para tratar un mieloma múltiple, sus tardes de café quedaron a un lado. Desde el pasado 10 de junio estaba recluido en la clínica Marly en Bogotá donde le practicaron un trasplante de médula ósea como parte de su tratamiento médico, sin embargo su cuadro médico se complicó desde el pasado 3 de julio cuando estando en la UCI de la clínica, resultó contagiado de Covid-19, lo que desembocó en su fallecimiento el pasado 12 de julio.

Su esposa, hijos y familiares lo recuerdan siempre como un hombre noble, sin apegos de ningún tipo, libre y defensor acérrimo de su independencia, la misma que le permitió vivir su vida como quiso, sin ataduras de ningún tipo y amando la vida en todas sus situaciones. Su vida se apagó pero su legado y sus historias quedaran para siempre en el corazón de sus seres amados.

Paz en su tumba para el gran amigo de esta Casa Editorial, Don Álvaro Prado Garzón y  el más sentido mensaje de condolencia para toda su excelentísima familia.

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