
Crónica | Panorama y Cuarto Poder
Hay historias que no comienzan en una oficina ni en un escenario político. Comienzan en la tierra, en el esfuerzo de una familia, en las enseñanzas del campo y en los sueños de un niño que aprende que las grandes metas solo se alcanzan con disciplina, preparación y perseverancia.
Esa es parte de la historia de Cristian David Ávila Marín, un hombre de raíces campesinas, nacido en el municipio de Santa Isabel, Tolima, donde aprendió desde temprano el valor del trabajo, la responsabilidad y la constancia que caracteriza a quienes conocen de cerca la vida rural.
Antes de los cargos públicos y de los desafíos políticos, estuvo el sueño de un joven que quería llegar lejos. Un propósito construido con esfuerzo, entendiendo que la educación y la disciplina eran el camino para transformar sus oportunidades y ponerse al servicio de los demás.
Con esa visión emprendió su formación profesional como administrador público y especialista en extensión rural, preparándose para comprender las dinámicas del territorio y aportar desde el conocimiento a las comunidades.
Su historia profesional encontró un punto de encuentro con sus propias raíces: el campo.
Durante años caminó la zona rural de Ibagué, escuchó a los campesinos, conoció sus necesidades y entendió que detrás de cada cultivo existe una familia que lucha, trabaja y mantiene viva una parte esencial de la identidad de la ciudad.
Ese vínculo con el territorio lo llevó a desempeñar cargos relacionados con el desarrollo rural y posteriormente a asumir la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Ibagué, desde donde impulsó una visión de mayor cercanía entre la institucionalidad y las comunidades campesinas.
Para muchos, el campo no fue solamente un lugar de trabajo para Cristian Ávila; fue una escuela de vida. Allí reafirmó valores que hoy hacen parte de su imagen pública: la disciplina, la capacidad de escuchar y la convicción de que los procesos importantes requieren tiempo, esfuerzo y compromiso.
Pero la historia no se quedó en las veredas.
Después de construir un camino junto al sector rural, Ávila Marín inició una nueva etapa: recorrer los barrios y comunas de Ibagué, acercarse a la ciudadanía urbana y escuchar las historias de quienes también buscan oportunidades para salir adelante.
Así toma fuerza su mensaje: “Hay campo para todos”.
Una frase que representa una visión más amplia de ciudad. No solamente habla de la tierra, sino de la posibilidad de que todos los sectores de Ibagué tengan oportunidades: el campesino, el emprendedor, el joven, la familia de los barrios y quienes trabajan diariamente por construir un mejor futuro.
En este recorrido también aparece una dimensión personal que ha acompañado su vida: su fe.
Cristian David Ávila reconoce a Dios como una guía fundamental en su camino y expresa la convicción de que cuando una persona camina con propósito, disciplina y fe, los sueños pueden convertirse en realidad. Una filosofía que resume en una idea sencilla: si Dios está con él, lo tiene todo para seguir avanzando.
Hoy, mientras recorre nuevamente el territorio, su desafío es que la ciudad conozca no solamente al exfuncionario, sino al ser humano: al hombre de raíces campesinas, al profesional que se preparó, al líder que ha elegido escuchar y al creyente que sostiene sus sueños en la fe y el trabajo constante.La política, como la agricultura, también requiere paciencia.
Hay que sembrar, cuidar cada paso y demostrar con hechos el resultado de lo construido.
Y esa es la etapa que hoy comienza a recorrer Cristian David Ávila Marín:
Una historia que nació en la tierra, creció con disciplina y ahora busca llegar al corazón de toda Ibagué.
Porque en esta historia, como dice su mensaje:
Hay campo para todos.


