Regional

El PAE alimenta la motivación para estudiar de los niños de la zona rural de Ibagué.

Los pequeños del corregimiento 12 asisten a la sede La Flor para aprender, compartir con sus compañeros y degustar un nutritivo menú._

De lunes a viernes, Julián y Sofía Castillo Taborda, de 10 y 7 años, se levantan temprano y con entusiasmo a cumplir sus labores académicas. Los dos hermanos residen en la vereda San Cayetano bajo y asisten a la institución educativa San Bernardo, sede La Flor, donde su ‘profe’ María Cristina Godoy los recibe con cariño.

Cargados de sueños, son inquietos, curiosos y risueños, y esperan con anhelo la llegada de su tercer hermanito; su madre, Luisa Fernanda Taborda Escobar, tiene ocho meses de embarazo.

Para Julián y Sofía, la escuela se ha convertido en su segundo hogar, donde encuentran no solo el calor de una docente amable sino de un delicioso y nutritivo desayuno, porque la sede cuenta con el Programa de Alimentación Escolar, que se ha convertido en una ayuda fundamental para las familias de la zona rural.

Para Luisa Taborda, mamá de los niños, la entrega del PAE, así como de los uniformes, ha sido un alivio importante en su hogar: _»Siempre nos ayudan bastante con los uniformes y alimentos; también les dieron útiles y ellos se ponen contentos»,_ comentó.

Asimismo, la mujer expresó su alegría de saber que los niños reciben comida preparada en sitio: _»Les alimenta que se los preparen ahí mismo y coman calientico, a veces llegan diciendo que no tienen hambre; les voy a servir el almuerzo y dicen que llegan llenos porque allá les sirven mucho. Gracias por ayudar a la gente del campo»._

Julián y Sofía viven con su padre Edison Castillo, su abuela Martha Ochoa, y su tía, Daniela Alejandra Castillo, quien también estudia en la sede principal de la Institución Educativa San Bernardo, y fue beneficiaria del uniforme escolar.

Es así como los pequeños degustan a diario un variado menú, compuesto de lácteos, proteína, cereal y fruta, y elaborado por la manipuladora de alimentos, Andrea Machado, que a diario llega a cocinar con amor para los 28 niños que asisten a la sede.

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